Hoy conocemos a: Sonia Hernández

Hoy conocemos a… SONIA HERNÁNDEZ.

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– Me llamo Sonia Hernández Romagosa y he sido víctima de violencia de género. Ahora soy una mujer libre.

―¿Cómo fuiste a parar a una casa de acogida?

―Decidí irme un día de casa debido a la violencia de género y me refugié en casa de mi hermano. Lo que pasa es que mi hermano tiene una enfermedad mental y sus terapeutas le aconsejaron que no me podía tener mucho tiempo en casa, y ellos mismos le dieron un teléfono para asistir a un centro de atención a la mujer. Llamé, me puse en contacto con vosotros y acudí a la visita.

―¿Hubo un detonante que hiciera que buscaras ayuda?

―Muchas veces te lo planteas: “Me voy, me voy, ya no aguanto más, me voy, me voy”, pero hay algo que te frena. Una vez, en una de las peleas que tuvimos, yo estuve a punto de cortarle el cuello a mi marido cuando dormía, y gracias a que la niña se despertó, no acabó de suceder. Él se despertó también. Claro, o me iba, o me mataba él a mí. Y decidí, mientras él dormía al día siguiente, coger e irme.

―¿Cómo definirías vuestra relación de entonces?

―Yo puedo definir mi parte. Yo llegué a odiarlo y creí que estaba enamorada también a la vez. Cuando salía de casa, yo decía: “Qué alivio, qué bien, menos mal”, pero, a la vez, cuando llevaba un rato que no le veía, sentía la necesidad de verlo. Era como estar enganchada, supongo, a las drogas y era muy contradictorio.

―¿Cómo te hacía sentir esa relación?

―Fatal, me sentía muy dependiente, no me quería, no me valoraba. Creía que sin él no era nadie. Creía que sin él no podía hacer nada, no servía para nada. A la vez quería deshacerme de él y lo necesitaba para seguir viviendo.

―¿Qué hay que hacer para que eso cambie? ¿Qué pasos has seguido para llegar donde estás ahora?

―Lo primero que hay que hacer es coger la puerta e irte. No me preguntes cómo decidí irme, ni cuándo decidí irme. ¿Los pasos que hay que seguir? Pedir ayuda a gente como vosotros y dejarte ayudar. Ser siempre sincera, mirarte cómo eres, aunque no te guste lo que veas. Para cambiar, hay que reconocer lo que no te gusta de ti y hay que cambiarlo. No es fácil, porque no se trata solo de “Dejo a mi marido y ya está, encuentro trabajo y arreglo mi vida”. Eres tú por dentro que tienes que cambiar. Hay algo en ti que deja que él se posicione encima de ti. Igual ha sido él esta vez, como que la próxima vez va a ser otro, como que pueden ser todos, si tú no cambias.

―Dicen que a veces se sigue un patrón y que se vuelve a iniciar una relación en la que se vive el maltrato de nuevo. ¿Tú has vivido esa situación?

―Sí, pero no. A ver, es lo que te estaba comentando: si tú no cambias por dentro personalmente, hay algo en ti, en tu pasado, tu personalidad, lo que sea, que te hace estar siempre por debajo de otros. Tú te posicionas por debajo, dejas que los demás se te pongan encima. Entonces, ¿qué pasa? Te agarras a estas relaciones. Por ejemplo, a mí me sucedió que tuve otra relación. Yo no buscaba una relación así, pero tuve la mala suerte de que él era un maltratador también. Pero duró poco, porque yo lo capté rápido, me di cuenta pronto. Y yo me quiero mucho ahora mismo, y no quiero una relación así, y lo dejé.

―Tú eres madre. ¿Tus hijas tuvieron un papel en todo esto, te hicieron tomar la decisión de pedir ayuda?

―No directamente. Por ejemplo, tengo una hija de veinte años que alguna vez me comentó: “Estás así porque quieres”. No me ha dicho directamente: “Ve a buscar ayuda, sal de ahí”, pero, claro, la ves a ella y entiendes que no es una relación sana. Y la pequeña, indirectamente también, porque veía cosas que no debería ver una criatura. Y es lo que te hace recapacitar y pensar: “Por mucha dependencia que yo tenga de esta persona, estoy haciendo daño a otros seres queridos, como son mis hijas”. Que a ellas yo las he tenido dentro, y a esta persona me la he encontrado en la calle.

―¿Tu entorno (familiares, amigos…) conocía la situación?

―Para empezar, con un maltratador no tienes amigos. No tienes vida exterior. Yo trabajaba, y del trabajo a casa y de casa al trabajo. Él me había ido a buscar al trabjo alguna vez. No tienes relaciones con nadie porque no te lo permiten. Y tú permites que te lo hagan. ¿Mis familiares? Hasta el día que llegué con el ojo morado, no. Eso ya venía de unos años de maltrato psicológico. Cuando te ponen la mano encima, llevas años de maltrato psicológico. ¿Qué haces? Lo excusas: “No, no, si es que me he dado un golpe”, “Es que me dio sin querer un codazo”… No acaban de saberlo nunca.

―¿Cómo valorarías el trabajo de las profesionales que se dedican a esto? ¿Qué papel han tenido en tu vida?

―Para mí, ha sido primordial. Primero por su tacto, su cariño, su comprensión. Nunca te recriminan nada. Puedes haber hecho mil cosas malas, que nunca te echan nada en cara. Luego te ayudan mucho, te dan tu tiempo. Para mí ha sido lo mejor que me podía pasar. Yo supongo que todos serán iguales. Yo he trabajado con muchos profesionales y todos me han influido mucho, cada uno de una manera. Unas me han hecho ver que yo sí que era una mujer maltratada, yo creía que no. Otras me han abierto la mente en que tengo que cambiar… No te lo hacen directamente, pero con sus charlas, conversaciones… te van sacando cosas. Para mí ha sido primordial tener a esta gente a mi lado. Si no, yo no me hubiera visto como era y no hubiera podido cambiar.

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―¿Cuánto tiempo ha pasado desde que diste el paso de pedir ayuda hasta sentirte bien?

―Hoy por hoy, llevo un año fuera del proceso de casas de acogida. Puedo decirte que llevo un año y medio sintiéndome fuerte y valiente y sabiendo que nadie más me va a pisar. Antes pasé un año y medio realmente mal: no se pasa bien, no es agradable, pero merece la pena. Un año y medio de sufrimiento para ser feliz hasta los sesenta, setenta, ochenta, todo lo que me queda de vida, porque ahora mismo me siento muy feliz.

―¿Qué crees que le pasa a un hombre? ¿Por qué se comportan así?

―Yo creo, desde mi punto de vista, que cuando un hombre es un maltratador, te humilla, te maltrata, te pega, te hace creer que no vales nada…, eso es realmente como se siente él. No tiene autoestima, no se quiere, se cree inferior. ¿Y qué hace? Pues lo descarga todo en otra persona. ¿Quién? La que tiene al lado, su pareja, la más cercana. Normalmente, es gente que fuera de casa no dirías nunca que maltrata a su pareja, ni a sus familias. Son más sumisos, muy extrovertidos… Yo creo que es falta de autoestima, simplemente. No es más.

―¿Y lo que hace que una mujer aguante esa situación va por ahí también?

―No sé si todos los casos seremos iguales. Yo, por ejemplo, algo de falta de autoestima, sí. Quizás nosotras buscamos más el cariño y estos hombres, normalmente, al principio te dan cariño: tienes mil atenciones, te bajan la luna… Claro, te enamoras, pero una vez te tienen segura, te ven superior. Empiezan a hundirte, a machacarte, para sentirse mejor ellos. Nosotras buscamos un cariño que luego se transforma. Es un proceso tan lento que no te das cuenta, un proceso en el que te están anulando, hasta que eres tú la que te crees que no vales nada.

―¿Qué mensaje puedes dar a mujeres que estén pasando por situaciones como la que pasaste tú?

―Que no piensen, que se vayan de casa, sin pensar. No necesitan nada, lo puesto y a buscar ayuda. Hay muy buenas profesionales que las van a ayudar y se puede salir. Quizás hay mujeres que han sufrido malos tratos peores que los míos, porque las hay, pero en el fondo todo es lo mismo. Yo he tenido otras cosas a parte del maltrato y yo he salido de todo. Yo estoy muy bien gracias a la ayuda de los profesionales. No hay que engañarlos, ser sincera en todo momento, porque nunca te van a recriminar nada, que ese era el miedo que yo tenía. Había cosas de mi vida que no quería explicar; entonces, si no lo explicas todo, no te pueden ayudar, porque no avanzas, no tienen por donde ayudarte. Sobre todo, que sean sinceras, que no tengan miedo a decir lo que piensan en cada momento, de expresar sus sentimientos, y que el sentimiento de culpa no vale para nada.

―Para abordar la violencia de género de manera integral, ¿crees que hacen falta más recursos?

―Lo que veo más pobre es la información. Parece mentira, porque hay mucha información: “Llama al 016”. Cada día salen en la tele mujeres que mueren a manos de sus maridos y que no se atreven a denunciar, porque la justicia, en un momento dado, no hace nada. Pero es que yo no llegué a denunciar a mi marido, no me hizo falta. No te obligan para ir a un centro o una casa de acogida a denunciar a tu pareja. No hace falta denunciar, hay centros de acogida: esa es la información que hay que dar. Sí, es muy duro desaparecer, dejar el trabajo, la casa, la familia, dejarlo todo, porque desapareces del mapa, nadie sabe dónde vives, nadie sabe dónde estás. Pero es tu vida, y la de tus hijos, y merece la pena. Sí que hay muchos recursos, pero pienso que la información no está bien orientada. En lo referente a la sanidad, no te sé decir, porque yo he estado en la casa de acogida y ellos te derivan a médicos y te atienden muy bien y muy rápido. Si tienes un maltrato y tienes miedo, vas al hospital porque te han dado una paliza, si tú no denuncias, el médico denuncia, y el miedo que tienes es que luego la que vuelves a casa eres tú: “Encima me has denunciado”. Otra paliza, o te mata, o te tira por el balcón. Eres tú la que tiene que decidir, no tu médico. En el colegio, me consta que hay escuelas que dan charlas, se informa, pero no sé hasta qué nivel. Por ejemplo, en la escuela donde va mi hija: hay escuelas que guardan plazas para las madres que están en casas de acogida, porque, claro, tú no te vas cuando empieza la escuela, tú te vas de tu casa cuando te vas, y a lo mejor a mitad de este año, tienes que irte, trasladarte y cambiar de escuela. Esos colegios están más mentalizados.

―Por lo que respecta a las profesionales que te han atendido, ¿qué crees que se podría mejorar?

―Es muy difícil valorar esto, porque cuando llegas a una casa, es que todo te parece mal: que si me han puesto unas normas, que si ahora me obligan a entrar a charlar con ellos y no tengo ganas, y de qué voy a hablar, tengo que convivir con esta que no limpia y no le dicen nada, no he avisado de que no venía a comer y me están riñendo… Pero una vez que sales y estás bien, ves que todo tiene su porqué. Todas tenemos cabida: porque a una no le guste limpiar y no le apetezca, porque además estás mal y no lo haces, no va a ser menos que otra que se pase el día con la escoba en la mano. O porque haya unas normas, o porque tengas que hacer unas cosas obligatorias, unos horarios… Todo es importante. Primero no hay nada que te guste porque tú estás mal, te marcan unas normas y tú en tu casa haces lo que te da la gana. Tienes que convivir con gente que también está mal, te obligan a unas normas, te obligan a unas visitas, pero todo tiene su porqué. Pero, claro, lo ves luego, cuando estás bien y sales. Yo creo que está muy bien el recurso.

―¿Qué ilusiones tienes ahora?

―Yo, con ver a mi hija con trabajo, ver crecer a la pequeña, verlas casarse… Me conformo con poco. El simple acto de ver llegar a la niña de la escuela me hace feliz. Es que no pido más.

 

 

 

Violencia de género unida a trastorno mental: el doble estigma

Sensibilización salud mental violencia de género

CRPS y EASC de Villaverde

La violencia de género y los trastornos mentales, comparten entre otras cosas, su tendencia a ser temas  poco visibles en la sociedad,  ocultados aún a día de hoy por las personas que los sufren  por temor al estigma, al rechazo, a no ser creídas, a no poder aceptar que a una misma le esté pasando esto.  Las personas que sufren estos problemas tienden a sentirse culpables por ello, a avergonzarse, y para los demás es más fácil pensar que es un problema de otras y no mío, que esto no puede pasarle a todo el mundo. Todos y todas somos vulnerables a sufrir un trastorno mental y a ser víctimas de violencia.

Varios estudios encuentran que las mujeres con trastorno mental son un colectivo especialmente vulnerable a sufrir violencia de género y tienen factores de riesgo añadidos para ser víctimas de esta violencia.

Con este pequeño vídeo queremos contribuir a hacer algo más visible esta realidad y llamar la atención sobre ella.

Villaverde

El video, las fotografías y la voz en off pertenecen a  personas con experiencia en salud mental del Centro de Rehabilitación Psicosocial  y el Equipo de Apoyo Social Comunitario de Villaverde. Además hemos contado con la colaboración de la Asociación Fotográfica Villaverde, en especial Jose Luis Pindado,  que nos ha cedido algunas de sus fotos.

Clica para ver el vídeo

Tratando la violencia filio-parental, un problema demasiado habitual

Los cambios sociales producidos en las últimas décadas en la sociedad occidental han propiciado la aparición de nuevas dinámicas familiares, en especial en el periodo de la adolescencia de los hijos e hijas. Se han visto alterados los equilibrios de poder y la convivencia puede sufrir esos cambios.

En ocasiones la alteración de dichos equilibrios de poder se ve traducida en episodios de violencia filio-parental, una conducta caracterizada por agresiones físicas, verbales o no verbales dirigidas a los padres o figuras parentales/marentales.

Agresiones tales como golpes, empujones, amenazas, imposición de normas por parte de los hijos o, en ocasiones, pasotismo extremo son sólo algunos ejemplos de situaciones y difíciles con las que han de lidiar padres y madres que sufren este tipo de violencia en su hogar.

Educar a un hijo/a requiere constancia y esfuerzo día a día. Es difícil encontrar el punto medio. A veces una excesiva libertad desde la más positiva de las voluntades puede acabar convirtiendo al niño en un tirano. Este tipo de violencia es un fenómeno extendido que desgraciadamente va en aumento. No es que antes no existiera, pero se vivía internamente, del mismo modo que otros tipos de violencia en la familia, como la de padres a hijos, o la violencia conyugal.

Asimismo, puede relacionarse con otros factores que faciliten el inicio de una carrera delictiva en los menores. En España, en los últimos cuatro años las denuncias por violencia de hijos a padres se han quintuplicado, llegando a superar la cifra de las 8.000 denuncias en 2011. Esto supone que la violencia y el maltrato filio parental constituyen el 8% de los delitos en nuestro país.

Pero las cifras tampoco nos dan una visión real del problema. Padres y madres llegan a negar la violencia familiar y conviven con ella de puertas adentro. Son capaces de tolerar niveles altos de agresividad antes de considerar acudir a instituciones públicas. Además, cuando esto sucede y la Fiscalía interpone medidas como el alejamiento o la incomunicación, padres y madres por la dureza de ese alejamiento, lo rompen reiteradamente.

Queda claro pues que una respuesta judicial no es satisfactoria per se. Queda claro que es necesario realizar una intervención desde diferentes niveles, con un análisis previo de qué sucede en el hogar. Queda claro que es necesario trabajar para evitar el deterioro de las relaciones familiares. Y queda claro que debe fomentarse la comunicación y la confianza para que la familia disponga de los mejores recursos para tener una convivencia sana para las personas que la forman.

 

Para más información: espaciosintress@intress.org

Jornada de reflexión sobre el ámbito penitenciario

Intress, como entidad que participa en la Comisión del Ámbito Penitenciario (CAP) ha colaborado en la Jornada de debate y reflexión que, bajo el nombre “ABRIENDO PUERTAS” ha querido favorecer el fortalecimiento de las entidades del Tercer Sector que trabajan en el ámbito de la ejecución penal en Cataluña.

En este encuentro se pretendía:

– Promover la reflexión en torno a la acción social en el ámbito de la ejecución penal.

– Dar visibilidad a la tarea desarrollada desde la CAP y ECAS.

– Posibilitar la reflexión conjunta sobre la ejecución penal por parte del Tercer Sector y otros agentes como la Administración.

Eva Mosquera ha sido la representante de Intress en este encuentro, como coordinadora general de MPA territorial. Según Eva, “dado que las penas delictivas tienen caducidad, es necesario garantizar las herramientas y recursos necesarios para que cuando estas personas salgan de prisión, no reincidan”. Y prosigue afirmando: Para que esto se lleve a cabo es necesario trabajar conjuntamente desde el primer día del ingreso en prisión y no tanto hacia el final de la temporalidad de la pena”.

La mutilación genital femenina a debate

El día 15 de diciembre a las 18 horas en el Colegio de Médicos de Barcelona os convocamos a un debate sobre un problema que afecta a millones de mujeres y niñas: la mutilación genital.

Un tema que se abordará desde la visión de expertos y profesionales que han trabajado en este ámbito.

La asistencia al evento podrá ser presencial pero también on-line.

Más información y confirmación de asistencia presencial a intressbar@intress.org o seguimiento y participación on-line en http://videoaula.ingecon.es/intress/formulari.html.

Mutilación Genital Femenina

Violencia y trauma

El pasado 27 de octubre, Intress organizó  en el CaixaForum de Madrid una jornada dedicada a abordar la violencia de una manera profunda e interdisciplinar.

No sólo se abordó la violencia de género, sino diferentes maneras de ejercer la violencia y el trauma que consecuentemente esto causa en el ser humano. Violencia intrafamiliar, terrorismo, prácticas como la ablación…Para hablar de todo esto estuvieron presentes prestigiosos médicos, psicoterapeutas, trabajadores sociales, profesionales y expertos en misiones y periodistas.

“Hay que educar a las mujeres porque en muchas ocasiones y en muchos países, hay mujeres que son violadas y no se consideran a ellas mismas como víctimas de violencia” manifestó Giulia Tamayo, Responsable de Investigación y Políticas de Amnistía Internacional, abogada peruana y refugiada en España desde que fue amenazada por el gobierno de Fujimori.

Según Sonia Lucini, Responsable de Intress Zona Centro, “no se puede victimizar a las víctimas, sino que se les ha de dotar de una identidad, para que sean capaces de asumir un papel activo en sus vidas”. Idea que reforzó José María Calleja, Redactor Jefe de CNN+, al hablar de las víctimas del terrorismo. Calleja insistió en que las víctimas no deben tener un papel eterno en la sociedad por haber sido víctimas, ni sus opiniones deben ser más consideradas por la sociedad por ese hecho.

Chema Caballero, misionero durante 18 años en Sierra Leona, realzó el papel de la mujer en las diferentes sociedades del mundo. En países en los que la violencia tiene un papel lamentablemente importante, según Chema, la mujer lo aporta todo para ofrecer un mundo de esperanza. 

La calidad de esta jornada y su éxito tendrán seguimiento en los futuros eventos de Intress.